domingo, 21 de octubre de 2007

Lo hizo de nuevo

Las declaraciones de Joaquín Lavín han sido interpretadas de más. Se les ha atribuido una profundidad de la que carecen. No tienen mayor significado: son la reiteración de un personaje que hizo de la trivialidad, y a veces del sinsentido, su máxima virtud en la esfera pública.
CARLOS PEÑA
Joaquín Lavín ha querido sorprender una vez más declarándose bacheletista-aliancista; pero, como era obvio, sólo ha logrado epatar a los olvidadizos o a los recién llegados o a quienes por tedio, y a falta de otra cosa, se dejan asombrar.
Y es que despacharse una frase de ese calibre no tiene ninguna novedad:
equivale a bombardear las nubes de Santiago,
instalar vigías en el Paseo Ahumada,
construir playas artificiales en la ribera del Mapocho,
hacer nieve, vender best sellers a empresas públicas,
hacer circular buses para ejecutivos, instalar controles de salud en carpas insalubres,
llevar vedettes a visitar soldados,
declararse devoto de las necesidades de la gente,
delegar las decisiones en plebiscitos,
participar de ritos aimaras,
distribuir alarmas y rejas a granel,
multiplicarse a sí mismo mediante máquinas polaroid,
decretar la muerte de las ideas y su sustitución por las cosas,
declararse enemigo de la política
y sonreír una y otra vez como si nada importara demasiado;
o sea, declararse bacheletista-aliancista equivale a que Lavín haga el intento imposible de imitarse por enésima vez a sí mismo
y por eso, salvo a los olvidadizos, a los recién llegados o a los atrapados por el tedio, la última frase que infligió Lavín no debiera mover a escándalo.
Esa frase simplemente no significa nada, o, lo que es lo mismo, significa lo que aparenta: casi un oxímoron, o apenas un simple retruécano, destinado a sorprender.
oxímoron.
1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.
A fin de cuentas, la derecha ha probado de todo:
confió en hombres providenciales;
toleró dictadores;
enarboló apellidos que recordaban a hombres providenciales;
puso sus ilusiones en candidatos que reducen lo público al policy making, y cosas semejantes. Quizá sea hora de que se decida a lo más obvio de todo: a hacer política.
En una palabra, si se ha de ejercer correctamente la política, no estaría de más disminuir un poco, siquiera un poco, la trivialidad.
Problemas acerca de los cuales pronunciarse de veras, y hablar en serio, no faltan.
¿Son los padres los que eligen la escuela, o la escuela la que elige a los padres?
¿Debe existir el financiamiento compartido?
¿Es correcto que la escuela reproduzca la herencia?
¿Cuánto deben pesar en la educación las preferencias de los padres?
¿Se debe crear un estado de protección social, o hay que confiar en que cada uno se rasque con sus uñas?
¿Son los derechos promesas de verdad, o simples deseos incumplidos?
¿Deben votar los chilenos en el extranjero?
¿Hay que distribuir la píldora del día después, o dejar la pasión entregada a su suerte?
¿Hay que mejorar el salario mínimo mediante transferencias directas?
¿Son los empresarios un dechado de virtudes?
¿Debemos llevar adelante una política de cohesión social?
¿Estimular algún sentido de comunidad entre nosotros?
¿Y por qué medios? ¿Cuánta desigualdad es tolerable?
¿Qué debemos hacer con las minorías indígenas?
¿Reconocerlas?
¿Esforzarnos para que se asimilen?
¿Y con las minorías sexuales?
¿Tolerarlas a condición de que no se muestren en público?
¿Y los inmigrantes?
¿Basta el sistema de precios para regular el trabajo, o habrá decisiones al margen del sistema de precios?
¿Y qué me dice usted de la justicia?
¿Seguiremos instituyendo a quienes delinquen en la causa de todos nuestros males?
¿Y los conflictos de familia?
¿Es lo mismo fortalecer la familia que promover un único ideal de vida familiar?
¿Ha de haber una política de igualdad de géneros, o seguiremos llamando homicidio al femicidio?
¿Y el transporte público?
¿Deberán proveerlo y financiarlo exclusivamente los privados, o habrá alguna razón para que se llame público?
Y la pregunta del millón: ¿valió la pena tanto sufrimiento?
Ese tipo de preguntas son las que confieren sentido y utilidad a la política. Ninguna de ellas es un asunto de policy making. Son decisiones finales acerca de nuestra vida en común: de eso se trata la política. Por eso, si se ha de ejercerla correctamente, sería bueno no decidirse por las frases y optar de una buena vez por las ideas, por algo que merezca recordarse o discutirse, en vez de insistir en juegos de palabras y en sonrisas que no son más, para qué estamos con cosas, que la enésima imitación de un personaje que, por lo visto, ya amenaza con tiranizar a su autor haciéndolo transitar, sin que él mismo casi se dé cuenta, desde el momento sublime de la primera vez al instante ridículo de la simple reiteración.

martes, 2 de octubre de 2007

- SUELDOS Y SALARIOS.

Lo mínimo, lo ínfimo y lo grotesco.

Ya viene

EL PODER ABSOLUTO

A las grandes fusiones de inicios de la década, con la absorción del Santiago por el Santander y el Edwards por el Chile, hoy agrega un nuevo hito: la unión del Citibank, filial chilena del mayor banco del mundo, con el Banco de Chile, este último controlado por el grupo Luksic.
Con la nueva maniobra, el Banco de Chile, cuyo control permanece en manos de los Luksic, pasa del 18% del mercado de las colocaciones (o créditos) a un 20%, sólo superado levemente por el Santander, que tiene un 21,8 por ciento y ostenta el primer lugar.
Tras la fusión, que se concretará a partir del 1 de enero del 2008, estos dos bancos concentrarán el 41,8% del mercado, un sector de por sí altamente concentrado: los cuatro principales bancos, el Santander, Chile, BancoEstado y el BCI tienen casi el 70% del mercado financiero que está compuesto por más de veinte instituciones.
Para el Banco de Chile, la operación tendrá sin duda beneficios. Absorbe la cartera del Citibank, una entidad bien instalada entre los sectores de más altos ingresos, e integra a sus negocios la financiera Atlas del Citibank, que tiene un 13% de la participación en el segmento de consumo, la que se sumará a CrediChile.
La otras ventajas para el negocio financiero de los herederos de Luksic es compartir con Citibank la infraestructura internacional que posee este gigante financiero, en tanto también se le abren las posibilidades de ingresar al negocio de los fondos privados de pensiones: el Citibank, junto a la Cámara de la Construcción, es uno de los accionistas mayoritarios de la AFP Habitat.
El banco que surge de esta fusión es una institución de más de 7 mil millones de dólares: el Chile, avaluado en más de 6 mil y la filial chilena del Citibank, en mil. Al observar estas cifras, es necesario recordar que hace pocos años el BancoEstado le prestó cerca de 200 millones de dólares al grupo Luksic para la fusión entre el Chile y el Edwards.
Y cabe recordar también que este banco, el de Luksic, fue y es aún una de las instituciones con deuda subordinada tras el rescate que le hiciera hacia inicios de los 80 el Estado, entonces bajo dictadura.
Ni en la fusión con el Edwards ni hoy, con el Citibank, ha habido ni hay un gesto para liquidar con el Estado esta deuda.
Como en varias ocasiones, desde el rescate al sector financiero en los años 80 hasta la subvención que gozan los bancos que participan en el Transantiago, este rentable sector de la economía sigue disfrutando de subsidios estatales.
CONCENTRACION Y CRECIMIENTO DE LAS UTILIDADES
Las utilidades del conjunto de la banca aumentaron 15,6% respecto al mes anterior, en tanto las colocaciones tuvieron un aumento similar respecto al año anterior.
Altas ganancias en un negocio en plena expansión que está liderado, así como en las porciones de mercado, por el Santander, que ganó casi 126 mil millones de pesos (unos 244 millones de dólares); el Chile, con 82 mil millones (156 millones de dólares); el BCI, con 44 mil millones; y el BancoEstado, con más de 21 mil millones. Concentración en los mercados, y también en las utilidades y en la riqueza.
Estos resultados tienen su referente en la rentabilidad sobre capital, la que en algunas instituciones supera todo lo imaginable. Hacia el primer trimestre del año en curso, el banco de la plaza que lideraba el ranking de rentabilidad sobre capital y reservas era Falabella, con un 33%, pequeña institución orientada hacia los créditos de consumo.
Pero en el segundo lugar aparece el Chile, el segundo banco de la plaza en tamaño, con 28%, seguido por el Santander, con 27%. A este ritmo, en pocos años estas instituciones duplican el capital invertido.
Banco Falabella, hoy convertido en una de las principales sociedades anónimas del país no necesariamente por su área comercial, sino por la relación establecida entre el comercio y las finanzas mediante la ampliación masiva de los créditos de consumo, tiene entre sus proyectos extender esta área de su negocio mediante una fusión con el área financiera de D&S, la propietaria de los supermercados Líder y de la tarjeta Presto.
Ambas instituciones sumarían un 13% del mercado de los créditos de consumo y pasarían a ser la mayor empresa de retail de Sudamérica, con ventas anuales por sobre los 8 mil millones de dólares. Falabella, que es ya la primera institución en el mercado de los créditos de consumo, que es también la que más crece (sobre el 20% al año), ha entrado con fuerza en el negocio bancario, lo que representa una amenaza para las instituciones tradicionales.
La estrategia de Luksic con la fusión del Banco de Chile y Citibank, que incluye a la financiera Atlas, apuntaría a frenar la expansión de Falabella en este ámbito.

FUSIONES Y EXTERNALIZACION DE EMPLEOS
El proceso de fusiones y concentración de la propiedad y la riqueza, que tantos beneficios conlleva a sus protagonistas, tiene efectos inversamente proporcionales en la economía, en la vida social y en las actividades humanas.
De partida, una fusión no apunta sólo a una sinergia de fuerzas, mercados y actividades como las relacionadas con la gestión, sino que busca también una reducción de costos, entre los que están, ciertamente, los asociados al personal.
Todas las fusiones y adquisiciones han generado una reducción de puestos de trabajo y en no pocos casos también la externalización a través de la subcontratación de muchos otros.
Las ganancias vinculadas a la fusión, las que están relacionadas con las utilidades orientadas a los accionistas, son también una consecuencia directa de esta disminución de costos laborales, lo que es, finalmente, el deterioro de los salarios y la calidad de vida de los trabajadores.
Estudios establecen que aproximadamente un 40% de las empresas chilenas utilizan este tipo de estrategia de gestión, la que va en aumento según el tamaño de la compañía.
Si el 35% de las pequeñas y medianas externalizan funciones, más del 50% de las grandes empresas lo hacen.
Esta segregación, generada a partir de las reformas en los procesos de producción y a la externalización de actividades propias del giro de la empresa, ha conducido a un deterioro de la calidad de los empleos, término algo escurridizo que sin embargo encierra ciertas variables básicas para su estudio.
En la literatura especializada se entiende como un empleo de cierta calidad aquel que cuenta con un contrato de duración indefinida, con un solo empleador y un solo lugar para desempeñar el trabajo, con un régimen de jornada completa, con previsión social y protección legal y con la posibilidad de formar sindicatos. Una serie de condiciones que no se cumplen en el caso de los trabajadores subcontratados.
Hoy no puede hablarse sólo de externalización de actividades, sino de la externalización de los procesos productivos, lo que es también inherente al capitalismo globalizado.
Lo que comenzó con la externalización de ciertas actividades más o menos ajenas al giro de la empresa, lo que se inició como una necesidad para las variaciones en los mercados y sus demandas, ha terminado como una matriz, un modelo de trabajo, que finalmente coloca a los trabajadores como la pieza más movible, presionada y reducida de todo el proceso productivo.
La empresa, que para lograr sus objetivos pone al producto y al consumidor por delante, ha transferido los riesgos asociados a este proceso al trabajador. Una estrategia que en Chile se ha llevado a niveles extremos, con horarios extensos, con políticas de flexibilidad y hasta informalidad.
Es el trabajador, considerado como insumo de la cadena de producción, el que, bajo la normativa legal, ha sido obligado a reducirse, rebajarse, flexibilizarse hasta una mínima expresión. Para las empresas chilenas, si hay un costo que puede minimizarse, éste es el laboral.
Existe también una relación entre el deterioro de la calidad de los empleos -fenómeno que no está relacionado necesariamente con la cantidad de los empleos, los que pueden ser muchos, pero malos- y la distribución de los ingresos.
La CUT ha acusado que este proceso de externalización es utilizado por las empresas para desprenderse de trabajadores antiguos, con ciertos beneficios y con salarios medianamente altos, para, en algunos casos, volver a reclutarlos bajo un régimen de subcontratación, con salarios más bajos, y escasos, acaso nulos beneficios y protección social.
La regulación de esta nueva forma de relación laboral había sido una importante demanda de los trabajadores y de la CUT, la que ha sido acogida por los dos últimos gobiernos y ha dado pie a la reciente y muy discutida ley de subcontratación.
Este cuerpo legal, vigente desde este año, sin embargo sufrió numerosas modificaciones durante su tramitación en el Congreso -estuvoen el Tribunal Constitucional por iniciativa de los senadores Allamand y Longueira-, para terminar en una ley que para los trabajadores no cumple su cometido.
El proceso de externalización y subcontratación, junto con las fusiones y adquisiciones, y la incorporación de nuevas tecnologías a la banca no pudo haber tenido peores resultados para los trabajadores.
Sólo en la cantidad de puestos de trabajo, son desalentadores los datos que describen las estadísticas oficiales de la historia de este proceso: diez años atrás, hacia 1997, el número de trabajadores de la banca llegaba a 47.195 personas, el que pasó a menos de 37 mil funcionarios el 2002. En la actualidad trabajan poco más de 46 mil personas en esta actividad.
La concentración del mercado y las utilidades no tiene ningún efecto favorable en las condiciones laborales y salariales de los empleados de la banca. En los hechos, la relación es inversa, en cuanto la alta rentabilidad se alimenta de la situación laboral y salarial de los trabajadores.
Según cálculos de la Confederación de Sindicatos Bancarios, un funcionario subcontratado de una institución financiera gana un sueldo promedio no superior a los 200 mil pesos si es administrativo, y tampoco superior a los 300 mil si es un cajero. El conjunto de los trabajadores de la banca no alcanza a ganar en el año ni el 1% de las utilidades del sistema financiero.
PAUL WALDER