domingo, 21 de octubre de 2007

Lo hizo de nuevo

Las declaraciones de Joaquín Lavín han sido interpretadas de más. Se les ha atribuido una profundidad de la que carecen. No tienen mayor significado: son la reiteración de un personaje que hizo de la trivialidad, y a veces del sinsentido, su máxima virtud en la esfera pública.
CARLOS PEÑA
Joaquín Lavín ha querido sorprender una vez más declarándose bacheletista-aliancista; pero, como era obvio, sólo ha logrado epatar a los olvidadizos o a los recién llegados o a quienes por tedio, y a falta de otra cosa, se dejan asombrar.
Y es que despacharse una frase de ese calibre no tiene ninguna novedad:
equivale a bombardear las nubes de Santiago,
instalar vigías en el Paseo Ahumada,
construir playas artificiales en la ribera del Mapocho,
hacer nieve, vender best sellers a empresas públicas,
hacer circular buses para ejecutivos, instalar controles de salud en carpas insalubres,
llevar vedettes a visitar soldados,
declararse devoto de las necesidades de la gente,
delegar las decisiones en plebiscitos,
participar de ritos aimaras,
distribuir alarmas y rejas a granel,
multiplicarse a sí mismo mediante máquinas polaroid,
decretar la muerte de las ideas y su sustitución por las cosas,
declararse enemigo de la política
y sonreír una y otra vez como si nada importara demasiado;
o sea, declararse bacheletista-aliancista equivale a que Lavín haga el intento imposible de imitarse por enésima vez a sí mismo
y por eso, salvo a los olvidadizos, a los recién llegados o a los atrapados por el tedio, la última frase que infligió Lavín no debiera mover a escándalo.
Esa frase simplemente no significa nada, o, lo que es lo mismo, significa lo que aparenta: casi un oxímoron, o apenas un simple retruécano, destinado a sorprender.
oxímoron.
1. m. Ret. Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej., un silencio atronador.
A fin de cuentas, la derecha ha probado de todo:
confió en hombres providenciales;
toleró dictadores;
enarboló apellidos que recordaban a hombres providenciales;
puso sus ilusiones en candidatos que reducen lo público al policy making, y cosas semejantes. Quizá sea hora de que se decida a lo más obvio de todo: a hacer política.
En una palabra, si se ha de ejercer correctamente la política, no estaría de más disminuir un poco, siquiera un poco, la trivialidad.
Problemas acerca de los cuales pronunciarse de veras, y hablar en serio, no faltan.
¿Son los padres los que eligen la escuela, o la escuela la que elige a los padres?
¿Debe existir el financiamiento compartido?
¿Es correcto que la escuela reproduzca la herencia?
¿Cuánto deben pesar en la educación las preferencias de los padres?
¿Se debe crear un estado de protección social, o hay que confiar en que cada uno se rasque con sus uñas?
¿Son los derechos promesas de verdad, o simples deseos incumplidos?
¿Deben votar los chilenos en el extranjero?
¿Hay que distribuir la píldora del día después, o dejar la pasión entregada a su suerte?
¿Hay que mejorar el salario mínimo mediante transferencias directas?
¿Son los empresarios un dechado de virtudes?
¿Debemos llevar adelante una política de cohesión social?
¿Estimular algún sentido de comunidad entre nosotros?
¿Y por qué medios? ¿Cuánta desigualdad es tolerable?
¿Qué debemos hacer con las minorías indígenas?
¿Reconocerlas?
¿Esforzarnos para que se asimilen?
¿Y con las minorías sexuales?
¿Tolerarlas a condición de que no se muestren en público?
¿Y los inmigrantes?
¿Basta el sistema de precios para regular el trabajo, o habrá decisiones al margen del sistema de precios?
¿Y qué me dice usted de la justicia?
¿Seguiremos instituyendo a quienes delinquen en la causa de todos nuestros males?
¿Y los conflictos de familia?
¿Es lo mismo fortalecer la familia que promover un único ideal de vida familiar?
¿Ha de haber una política de igualdad de géneros, o seguiremos llamando homicidio al femicidio?
¿Y el transporte público?
¿Deberán proveerlo y financiarlo exclusivamente los privados, o habrá alguna razón para que se llame público?
Y la pregunta del millón: ¿valió la pena tanto sufrimiento?
Ese tipo de preguntas son las que confieren sentido y utilidad a la política. Ninguna de ellas es un asunto de policy making. Son decisiones finales acerca de nuestra vida en común: de eso se trata la política. Por eso, si se ha de ejercerla correctamente, sería bueno no decidirse por las frases y optar de una buena vez por las ideas, por algo que merezca recordarse o discutirse, en vez de insistir en juegos de palabras y en sonrisas que no son más, para qué estamos con cosas, que la enésima imitación de un personaje que, por lo visto, ya amenaza con tiranizar a su autor haciéndolo transitar, sin que él mismo casi se dé cuenta, desde el momento sublime de la primera vez al instante ridículo de la simple reiteración.

martes, 2 de octubre de 2007

- SUELDOS Y SALARIOS.

Lo mínimo, lo ínfimo y lo grotesco.

Ya viene

EL PODER ABSOLUTO

A las grandes fusiones de inicios de la década, con la absorción del Santiago por el Santander y el Edwards por el Chile, hoy agrega un nuevo hito: la unión del Citibank, filial chilena del mayor banco del mundo, con el Banco de Chile, este último controlado por el grupo Luksic.
Con la nueva maniobra, el Banco de Chile, cuyo control permanece en manos de los Luksic, pasa del 18% del mercado de las colocaciones (o créditos) a un 20%, sólo superado levemente por el Santander, que tiene un 21,8 por ciento y ostenta el primer lugar.
Tras la fusión, que se concretará a partir del 1 de enero del 2008, estos dos bancos concentrarán el 41,8% del mercado, un sector de por sí altamente concentrado: los cuatro principales bancos, el Santander, Chile, BancoEstado y el BCI tienen casi el 70% del mercado financiero que está compuesto por más de veinte instituciones.
Para el Banco de Chile, la operación tendrá sin duda beneficios. Absorbe la cartera del Citibank, una entidad bien instalada entre los sectores de más altos ingresos, e integra a sus negocios la financiera Atlas del Citibank, que tiene un 13% de la participación en el segmento de consumo, la que se sumará a CrediChile.
La otras ventajas para el negocio financiero de los herederos de Luksic es compartir con Citibank la infraestructura internacional que posee este gigante financiero, en tanto también se le abren las posibilidades de ingresar al negocio de los fondos privados de pensiones: el Citibank, junto a la Cámara de la Construcción, es uno de los accionistas mayoritarios de la AFP Habitat.
El banco que surge de esta fusión es una institución de más de 7 mil millones de dólares: el Chile, avaluado en más de 6 mil y la filial chilena del Citibank, en mil. Al observar estas cifras, es necesario recordar que hace pocos años el BancoEstado le prestó cerca de 200 millones de dólares al grupo Luksic para la fusión entre el Chile y el Edwards.
Y cabe recordar también que este banco, el de Luksic, fue y es aún una de las instituciones con deuda subordinada tras el rescate que le hiciera hacia inicios de los 80 el Estado, entonces bajo dictadura.
Ni en la fusión con el Edwards ni hoy, con el Citibank, ha habido ni hay un gesto para liquidar con el Estado esta deuda.
Como en varias ocasiones, desde el rescate al sector financiero en los años 80 hasta la subvención que gozan los bancos que participan en el Transantiago, este rentable sector de la economía sigue disfrutando de subsidios estatales.
CONCENTRACION Y CRECIMIENTO DE LAS UTILIDADES
Las utilidades del conjunto de la banca aumentaron 15,6% respecto al mes anterior, en tanto las colocaciones tuvieron un aumento similar respecto al año anterior.
Altas ganancias en un negocio en plena expansión que está liderado, así como en las porciones de mercado, por el Santander, que ganó casi 126 mil millones de pesos (unos 244 millones de dólares); el Chile, con 82 mil millones (156 millones de dólares); el BCI, con 44 mil millones; y el BancoEstado, con más de 21 mil millones. Concentración en los mercados, y también en las utilidades y en la riqueza.
Estos resultados tienen su referente en la rentabilidad sobre capital, la que en algunas instituciones supera todo lo imaginable. Hacia el primer trimestre del año en curso, el banco de la plaza que lideraba el ranking de rentabilidad sobre capital y reservas era Falabella, con un 33%, pequeña institución orientada hacia los créditos de consumo.
Pero en el segundo lugar aparece el Chile, el segundo banco de la plaza en tamaño, con 28%, seguido por el Santander, con 27%. A este ritmo, en pocos años estas instituciones duplican el capital invertido.
Banco Falabella, hoy convertido en una de las principales sociedades anónimas del país no necesariamente por su área comercial, sino por la relación establecida entre el comercio y las finanzas mediante la ampliación masiva de los créditos de consumo, tiene entre sus proyectos extender esta área de su negocio mediante una fusión con el área financiera de D&S, la propietaria de los supermercados Líder y de la tarjeta Presto.
Ambas instituciones sumarían un 13% del mercado de los créditos de consumo y pasarían a ser la mayor empresa de retail de Sudamérica, con ventas anuales por sobre los 8 mil millones de dólares. Falabella, que es ya la primera institución en el mercado de los créditos de consumo, que es también la que más crece (sobre el 20% al año), ha entrado con fuerza en el negocio bancario, lo que representa una amenaza para las instituciones tradicionales.
La estrategia de Luksic con la fusión del Banco de Chile y Citibank, que incluye a la financiera Atlas, apuntaría a frenar la expansión de Falabella en este ámbito.

FUSIONES Y EXTERNALIZACION DE EMPLEOS
El proceso de fusiones y concentración de la propiedad y la riqueza, que tantos beneficios conlleva a sus protagonistas, tiene efectos inversamente proporcionales en la economía, en la vida social y en las actividades humanas.
De partida, una fusión no apunta sólo a una sinergia de fuerzas, mercados y actividades como las relacionadas con la gestión, sino que busca también una reducción de costos, entre los que están, ciertamente, los asociados al personal.
Todas las fusiones y adquisiciones han generado una reducción de puestos de trabajo y en no pocos casos también la externalización a través de la subcontratación de muchos otros.
Las ganancias vinculadas a la fusión, las que están relacionadas con las utilidades orientadas a los accionistas, son también una consecuencia directa de esta disminución de costos laborales, lo que es, finalmente, el deterioro de los salarios y la calidad de vida de los trabajadores.
Estudios establecen que aproximadamente un 40% de las empresas chilenas utilizan este tipo de estrategia de gestión, la que va en aumento según el tamaño de la compañía.
Si el 35% de las pequeñas y medianas externalizan funciones, más del 50% de las grandes empresas lo hacen.
Esta segregación, generada a partir de las reformas en los procesos de producción y a la externalización de actividades propias del giro de la empresa, ha conducido a un deterioro de la calidad de los empleos, término algo escurridizo que sin embargo encierra ciertas variables básicas para su estudio.
En la literatura especializada se entiende como un empleo de cierta calidad aquel que cuenta con un contrato de duración indefinida, con un solo empleador y un solo lugar para desempeñar el trabajo, con un régimen de jornada completa, con previsión social y protección legal y con la posibilidad de formar sindicatos. Una serie de condiciones que no se cumplen en el caso de los trabajadores subcontratados.
Hoy no puede hablarse sólo de externalización de actividades, sino de la externalización de los procesos productivos, lo que es también inherente al capitalismo globalizado.
Lo que comenzó con la externalización de ciertas actividades más o menos ajenas al giro de la empresa, lo que se inició como una necesidad para las variaciones en los mercados y sus demandas, ha terminado como una matriz, un modelo de trabajo, que finalmente coloca a los trabajadores como la pieza más movible, presionada y reducida de todo el proceso productivo.
La empresa, que para lograr sus objetivos pone al producto y al consumidor por delante, ha transferido los riesgos asociados a este proceso al trabajador. Una estrategia que en Chile se ha llevado a niveles extremos, con horarios extensos, con políticas de flexibilidad y hasta informalidad.
Es el trabajador, considerado como insumo de la cadena de producción, el que, bajo la normativa legal, ha sido obligado a reducirse, rebajarse, flexibilizarse hasta una mínima expresión. Para las empresas chilenas, si hay un costo que puede minimizarse, éste es el laboral.
Existe también una relación entre el deterioro de la calidad de los empleos -fenómeno que no está relacionado necesariamente con la cantidad de los empleos, los que pueden ser muchos, pero malos- y la distribución de los ingresos.
La CUT ha acusado que este proceso de externalización es utilizado por las empresas para desprenderse de trabajadores antiguos, con ciertos beneficios y con salarios medianamente altos, para, en algunos casos, volver a reclutarlos bajo un régimen de subcontratación, con salarios más bajos, y escasos, acaso nulos beneficios y protección social.
La regulación de esta nueva forma de relación laboral había sido una importante demanda de los trabajadores y de la CUT, la que ha sido acogida por los dos últimos gobiernos y ha dado pie a la reciente y muy discutida ley de subcontratación.
Este cuerpo legal, vigente desde este año, sin embargo sufrió numerosas modificaciones durante su tramitación en el Congreso -estuvoen el Tribunal Constitucional por iniciativa de los senadores Allamand y Longueira-, para terminar en una ley que para los trabajadores no cumple su cometido.
El proceso de externalización y subcontratación, junto con las fusiones y adquisiciones, y la incorporación de nuevas tecnologías a la banca no pudo haber tenido peores resultados para los trabajadores.
Sólo en la cantidad de puestos de trabajo, son desalentadores los datos que describen las estadísticas oficiales de la historia de este proceso: diez años atrás, hacia 1997, el número de trabajadores de la banca llegaba a 47.195 personas, el que pasó a menos de 37 mil funcionarios el 2002. En la actualidad trabajan poco más de 46 mil personas en esta actividad.
La concentración del mercado y las utilidades no tiene ningún efecto favorable en las condiciones laborales y salariales de los empleados de la banca. En los hechos, la relación es inversa, en cuanto la alta rentabilidad se alimenta de la situación laboral y salarial de los trabajadores.
Según cálculos de la Confederación de Sindicatos Bancarios, un funcionario subcontratado de una institución financiera gana un sueldo promedio no superior a los 200 mil pesos si es administrativo, y tampoco superior a los 300 mil si es un cajero. El conjunto de los trabajadores de la banca no alcanza a ganar en el año ni el 1% de las utilidades del sistema financiero.
PAUL WALDER

jueves, 27 de septiembre de 2007

Mi sueño de Chile

Hoy, hace 100 años, nació el cardenal Raúl Silva Henríquez. Su legado sigue vigente. En esta página se entrega un artículo preparado por él a comienzos de los ’90 y también dos valoraciones de su aporte al progreso social de nuestro país.

Me preguntan por el país que sueño o que deseo.
Y debo decir que mi deseo es que en Chile el hombre y la mujer sean respetados.
El ser humano es lo más hermoso que Dios ha hecho.
El ser humano es "imagen y semejanza" de la belleza y la bondad de Dios.
Quiero que en mi patria desde que un ser humano es concebido en el vientre de una mujer, hasta que llegue a la ancianidad, sea respetado y valorado.
De cualquier condición social, de cualquier pensamiento político, de cualquier credo religioso, todos merecen nuestro respeto.
Quiero que en mi país todos vivan con dignidad.
La lucha contra la miseria es una tarea de la cual nadie puede sentirse excluido.
Quiero que en Chile no haya más miseria para los pobres.
Que cada niño tenga una escuela donde estudiar.
Que los enfermos puedan acceder fácilmente a la salud.
Que cada jefe de hogar tenga un trabajo estable y que le permita alimentar a su familia.
Y que cada familia pueda habitar en una casa digna donde pueda reunirse a comer, a jugar, y a amarse entrañablemente.
Quiero un país donde reine la solidaridad.
Muchas veces ante las distintas catástrofes que el país ha debido enfrentar, se ha demostrado la generosidad y la nobleza de nuestro pueblo. No es necesario que los terremotos solamente vengan a unir a los chilenos.
Creo que quienes poseen más riquezas deben apoyar y ayudar a quienes menos poseen.
Creo que los más fuertes no pueden desentenderse de los más débiles.
Y que los sabios deben responsabilizarse de los que permanecen en la ignorancia.
La solidaridad es un imperativo urgente para nosotros. Chile debe desterrar los egoísmos y ambiciones para convertirse en una patria solidaria.
Quiero un país donde se pueda vivir el amor.
¡Esto es fundamental!
Nada sacamos con mejorar los índices económicos o con levantar grandes industrias y edificios, si no creemos en nuestra capacidad de amar.
Los jóvenes no nos perdonarían esa falta.
Pido y ruego que se escuche a los jóvenes y se les responda como ellos se merecen. La juventud es nuestra fuerza más hermosa. Ellos tienen el derecho a ser amados. Y tienen la responsabilidad de aprender a amar de un modo limpio y abierto.
Pido y ruego que la sociedad entera ponga su atención en los jóvenes, pero de un modo especial eso se lo pido y ruego a las familias.
¡No abandonen a los jóvenes!
¡Escúchenlos, miren sus virtudes antes que sus defectos, muéstrenles con su testimonio un estilo de vivir entusiasmante!
Y por último, quiero para mi patria lo más sagrado que yo puedo decir: que vuelva su mirada hacia el Señor. Un país fraterno sólo es posible cuando se conoce la paternidad bondadosa de nuestro Dios. He dedicado mi vida a esa tarea: que los hombres y las mujeres de mi tierra conozcan al Dios vivo y verdadero, que se dejen amar por él y que lo amen con todo el corazón. Quiero que mi patria escuche la Buena Noticia del Evangelio de Jesucristo, que tanto consuelo y esperanza trae para todos.
Este es mi sueño para Chile y creo que con la ayuda de María, ese sueño es posible convertirlo en realidad.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

¿DE QUE FAMILIA ME HABLA?

Gonzalo Vial
Nos han sorprendido y alarmado las violentas manifestaciones nocturnas del 11 de Septiembre.
Algunas autoridades (por ejemplo, me parece, el subsecretario del Interior) y esos lectores que suelen escribir a los diarios, preguntarían después por las familias de los vándalos —casi niños o francamente niños— que aquella jornada mataron a un policía uniformado, e hirieron gravemente a otro medio centenar.

¿Dónde estaban los padres de los hechores, cuando caían los carabineros enfrentando una lluvia de balas, bombas molotov y piedras ?
¿Dónde, al momento que los negocios, modestos negocios de barrio, eran incendiados y saqueados, y la turba juvenil arrasaba tantos otros bienes públicos y privados?
¿Qué hacían, qué habían hecho, para controlar a sus hijos delincuentes?
Y sin embargo, la respuesta es simple. Esos padres, esas familias no se encontraban allí ni en ninguna parte... para efectos prácticos, no existían. Porque el Chile de hoy, sobre todo el popular, prácticamente carece de familias regularmente constituidas.
Aquella ‘‘de libreta’’ (pues no estamos hablando de matrimonio religioso), que ampara y cohesiona a padre, madre e hijos comunes, es aquí una especie en extinción.
Esto se debe a tres causas fundamentales:
1. A que el ‘‘progresismo’’ no tiene el menor interés en la familia tradicional. Amplifica y distorsiona de tal modo el concepto de ésta, que pierde todo significado y se hace completamente inútil. Puede así ser ‘‘familia’’ la pareja homosexual que cría un gato.
Seres humanos perfectamente respetables, no debe sin embargo aplicárseles un nombre que no les corresponde.
La familia real, institución de dos mil años en nuestra cultura, la forman un hombre y una mujer que viven juntos, se ayudan, tienen hijos, los crían y educan, y solemnizan la seriedad de su compromiso celebrando matrimonio, una segunda institución milenaria.
Ambas han presidido casi todo lo bueno que se ha hecho en Occidente.
Pero el progresista reclama un derecho que cree superior a aquel compromiso: la libertad sexual de ambos cónyuges. Les confiere, pues, el ‘‘derecho’’ a que cualquiera de ellos deshaga la unión cuando le parezca. Y eso, inevitablemente, respecto del que ejerce ese ‘‘derecho’’, destruye la familia que formó. No respecto del otro cónyuge, quien podrá mantenerla —con inmensas dificultades, no sólo económicas sino afectivas— si no sigue el mismo camino y los hijos viven con él. Pero el padre que, habiendo roto matrimonio y familia, no vive con los hijos, no es un padre completo, por su culpa.
Y los hijos que no viven con ambos padres —salvo el caso de los huérfanos—, no son hijos completos, sin ninguna culpa. Esta es la enorme desgracia de quebrar un matrimonio y una familia.
No se trata de juzgar a nadie en particular, ni de pontificar sobre su caso específico, cuyas complejidades apenas pueden ser entendidas, quizás, por los protagonistas, ni de negar posibles excepciones. Tampoco se trata de que la ‘‘libreta’’ sea un certificado de buen matrimonio.
Pero la regla general es la explicada y —por mucho que se irriten los progresistas, cuya característica básica es un individualismo anárquico— la sociedad debe atender a las reglas generales.
Recuerdo un spot de TV del Arzobispado, que enfatizaba los mayores problemas de todo orden que sufren los hijos de matrimonios deshechos... un lugar común sicológico. Pero un grupo de sacerdotes montó en cólera. ‘‘Se ofendía’’ a aquellos muchachos, dijeron.
Nunca sirve esconder la verdad de las cosas, y ella ‘‘hace libres’’ a las personas, no las ofende.
El efecto del progresismo matrimonial en el pueblo chileno ha sido espantable. Desde luego, económicamente. Si el 30% de los hogares gana menos de 250.000 mensuales (encuesta CASEN 2006) ¿habrá en ese 30% muchos varones que con suma tal mantengan dos o más mujeres y los hijos respectivos? Ruptura del matrimonio y de la familia popular, es miseria.
Y eso que hablamos de los hombres que proveen EN ALGO a la subsistencia de los hijos que abandonan. Pero los hogares que son mantenidos por ‘‘mujeres solas’’ aumentan sin cesar . En el Censo de 2002 eran 471.000, 31,5% del total, 6,2 puntos porcentuales más que diez años antes. Y la cantidad y porcentaje siguen subiendo.
Cada vez son más, por ejemplo, las madres primerizas NO CASADAS. El año 1986, eran el 42,1%, proporción ya alta; el 2004 fueron el 72,7% (La Tercera, 12 de enero de 2007).
Esto indica que de la cultura popular van desapareciendo ‘‘marido’’ y ‘‘mujer’’ —los retrógrados de la libreta—, reemplazados por la ‘‘pareja’’... el paradigma sexual de los progresistas.
Entre los pobres chilenos, la pareja masculina es el gallito, el ‘‘macho’’, un semental temporero, que viene y se va cuando quiere; que provee poco o nada; que no tiene ninguna responsabilidad respecto a la mujer; para el cual los hijos anteriores de ésta (que comúnmente lo odian) carecen de la menor importancia y son, también comúnmente, objetos de violencia o aun de abuso sexual; y los hijos propios no están mucho mejor...
¡Este es el ‘‘padrastro’’/pareja que, se supone, va a arriesgarse sacando al hijo de su conviviente de la balacera y los destrozos nocturnos!
¿O se pedirá que lo haga la infeliz madre/conviviente, o sola, que apenas junta con qué parar la olla de todos, a menudo trabajando por una paga mísera, para lo cual debe viajar dos o tres horas diarias de ida, y las mismas de vuelta... y en el Transantiago?
¿Será ella quien salga de noche, entre las balas y las molotov, y a la única luz de los incendios... mujer sin marido a la desesperada busca de sus hijos sin padre?
Bajemos a la tierra, a la realidad.
2. A que el progresismo, como no le importa nada la familia verdadera, tampoco la protege en nada. Conservar el matrimonio, tener hijos, criarlos, educarlos... en Chile no significa ningún beneficio.
Incluso PERJUDICA.
Ejemplos:
—Los casados, aunque estén separados totalmente de bienes, si conservan cualquiera de éstos en comunidad, deben presentar declaración conjunta de impuesto a la renta global complementario. Es decir, declarar como si fuesen una sola persona. Con lo cual, por ser el global un impuesto progresivo, PAGAN MÁS. No sucede lo mismo con los meros convivientes que tienen bienes comunes. Declaran en forma separada y pagan menos.
—Ser casado no da ninguna ventaja en la postulación a subsidios del Estado para adquirir viviendas sociales. Al revés, el matrimonio sólo puede postular a UN subsidio. Los convivientes pueden, actuando separadamente, optar a DOS subsidios.
3. A que el progresismo no sólo abandona la familia verdadera, sino que —consciente o inconscientemente— la persigue, propiciando legislaciones, regulaciones o campañas que conducen a destruirla o impedir que se constituya.
Ejemplos:
—La norma reglamentaria que permite a una mujer de 18 años, casada, sin hijos y analfabeta, exigir de los Servicio de Salud la esterilización SIN NECESIDAD DE CONSENTIMIENTO NI CONOCIMIENTO PREVIO DEL MARIDO.
—La permisividad e incluso la estimulación y banalización del sexo adolescente. El afiche de la penúltima o antepenúltima campaña oficial del SIDA, exhibido en todos los microbuses, mostraba a una escolar DE UNIFORME haciendo propaganda del condón, contra un fondo que describía las diversas posturas del coito. Y el afiche 2007 de la misma campaña —que el Ministerio de Salud pide que los colegios difundan— contiene la foto de dos travestis (una ‘‘familia’’, supongo) mirándose romáticamente, con la leyenda: ‘‘Diferentes miradas... diferentes amores’’.
Por supuesto, el sexo adolescente conduce a la maternidad adolescente, que excluye como regla generalísima el matrimonio y la familia. En Chile, el 17% de los nacimientos anuales corresponde a madres de 15 a 19 años, para 11% de las cuales es el segundo parto. Y casi el 2% del total de nacimientos al año es de madres MENORES DE 14 AÑOS (La Tercera, 12 de enero de 2007).
—La ley de divorcio, que al establecer la disolución del vínculo por repudio unilateral, después de tres años de abandono, elevó este crimen social—dejar botados a cónyuge e hijos— a la estupefaciente categoría de CAUSA LEGITIMA PARA DISOLVER EL MATRIMONIO.
Podría pensarse, cínicamente, que los pobres chilenos usarán poco el divorcio, pues cada vez se casan y casarán menos. Pero es la señal la que importa... la señal que dio el legislador: que matrimonio y familia son desechables.
A aquella señal fatídica concurrió, no debe olvidarse, la Democracia Cristiana, que desde su fundación y durante casi setenta años había tenido la indisolubilidad del matrimonio y el rechazo al divorcio como punto esencial de su doctrina. ¿Se recordará este ‘‘hito’’en el próximo Congreso Programático de octubre? Y tampoco sería justo olvidar que los tres años de abandono eran cinco, y se rebajaron a tres gracias al voto, que rompió un empate, de un senador RN. Ni que varios parlamentarios de estas tiendas políticas —¿ingenuidad? ¿tupé?— dijeron que aprobaban la ley de divorcio en el entendido de que pronto habría una eficaz ley de Tribunales de Familia. ¡Tribunales de Familia!
De esta manera, van desapareciendo de Chile, y especialmente de los sectores más modestos, el matrimonio y la familia. Ya casi son idénticos en número los nacimientos anuales dentro y fuera de matrimonio, que en 1990 eran respectivamente dos tercios (dentro) y un tercio (fuera). R.I.P. al matrimonio y a la familia ‘‘con libreta’’. Pero, cuando menos, no seamos descarados... después de destruirlos, no les echemos la culpa del desenfreno de los hijos sin padres ni hogar.

COMENTARIOS
Vial sabe perfectamente que en los sectores populares el matrimonio nunca ha sido la constante. Esa imagen que señala que en Chile, en un pasado imaginado, predominaba el matrimonio y que el "progresismo" los habría destruído es históricamente falsa (Vial, en columnas anteriores ha mostrado cierto respeto por Salazar, por lo que puede haber leído "Ser niño huacho en la historia de Chile).
Si hacia mediados de siglo XX el matrimonio en estos sectores aumentó, fue producto de políticas estatales que limitaban los beneficios sociales a los matrimonios constituídos, esto como una forma de estimular este tipo de unión. Una de las consecuencias no deseadas de esas políticas fue la odiosa e injusta diferenciación entre hijos legítimos y naturales (curioso eufemismo).Por otra parte, en Chile y en el mundo disminuye el matrimonio, no la familia.Por ultimo, el que se quiera casar que lo haga, nadie se lo impide. El que se casó y se quiere divoricar que lo haga también, de igual forma que quienes hemos decidido forma una familia y no se nos ha pasado por la cabeza casarnos.
Eso es simplemente libertad.
Posteado por: Renato Gazmuri